
El nuevo satélite, puesto en órbita desde Jiuquan, mejorará la monitorización de los océanos, la prevención de desastres y la seguridad marítima, sustituyendo al HY-2B y completando una constelación de observación dinámica
China ha dado un nuevo paso en su estrategia de dominio tecnológico marítimo. Este jueves, un cohete Gran Marcha-4B despegó a las 07:46 (hora de Pekín) desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el noroeste del país, para poner en órbita el satélite Haiyang-2E (HY-2E), el último integrante de la segunda generación de satélites oceánicos chinos.
El lanzamiento, que supone la misión número 654 de la serie de cohetes Gran Marcha, culminó con la inserción del satélite en la órbita prevista, según confirmaron fuentes oficiales. Con un peso de 1.500 kilogramos, el Haiyang-2E está diseñado para monitorizar el entorno oceánico mundial, midiendo la altura de las olas, la temperatura del mar y los patrones de viento, datos cruciales para la navegación, la meteorología y el estudio del cambio climático.
Tecnología de vanguardia para la "economía azul"
Desarrollado por la Academia China de Tecnología Espacial, el nuevo satélite no es un mero relevo generacional. Sustituirá al HY-2B, lanzado en 2018, y operará en red con los satélites HY-2C y HY-2D, ya en órbita, para garantizar el funcionamiento continuo y estable del sistema chino de monitorización del entorno dinámico oceánico.
Una de las principales innovaciones del Haiyang-2E reside en su carga útil mejorada, que aumenta significativamente su capacidad de observación en aguas costeras y en zonas de especial interés para la navegación. Sus sensores de microondas activos y pasivos, heredados de la serie HY-2, permiten medir los vientos oceánicos con una precisión de 2 m/s en la velocidad y 20 grados en la dirección, lo que lo convierte en una herramienta indispensable para la seguridad de la flota mercante y pesquera.
Vigilancia, prevención y ciencia
Las aplicaciones del Haiyang-2E abarcan desde la salvaguarda de los derechos e intereses marítimos de China hasta la prevención y mitigación de desastres naturales, pasando por el desarrollo de recursos marinos y la investigación científica. Su capacidad para detectar cambios en la superficie oceánica y en los patrones de viento resulta esencial para la predicción de tifones y tormentas, así como para el seguimiento de fenómenos como El Niño.
El cohete portador, fabricado por la Academia de Tecnología Espacial de Shanghái, es un lanzador de tres etapas con propulsión líquida, capaz de colocar cargas útiles de hasta 2,5 toneladas en órbitas sincrónicas con el Sol a una altitud de 700 kilómetros. Este lanzamiento se produce apenas unos días después de la misión número 653, que el 23 de junio puso en órbita un satélite dedicado a pruebas tecnológicas avanzadas.
Con el Haiyang-2E, China no solo consolida su constelación de satélites oceánicos, sino que reafirma su apuesta por una "economía azul" basada en el conocimiento y la vigilancia de los mares, en un momento en que la comunidad internacional presta cada vez más atención a la seguridad marítima y la sostenibilidad de los océanos.



