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La Capitanía de Gijón le "caga encima" a toda la parafernalia judicial del Prestige.

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Diario Marítimo ; 30 Septiembre 2015 ; 18595 Votos
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Cape BalticCon vías de agua, los tanques inundados y olas de cuatro metros El granelero requiere una primera reparación a flote antes de descargar y llevarlo a dique   La Capitanía Marítima de Gijón y el puerto de El Musel apostaron fuertemente por los profesionales implicados en las maniobras de entrada de los barcos (básicamente prácticos y remolcadores) para salvar al ‘Cape Baltic’, un granelero de 289 metros de eslora que llegó a Gijón con 160.000 toneladas de mineral de hierro a bordo y sufrió tres vías de agua cuando se encontraba fondeado porque el oleaje lo golpeó contra el fondo.

El resultado es el barco fuera de peligro y atracado en el nuevo Muelle Norte, tras una maniobra que llevó ayer al capitán marítimo de Gijón, Ignacio Fernández Fidalgo, a felicitar efusivamente a los profesionales de El Musel porque «se salvó el barco». Como es habitual, la Capitanía evitó, hasta que concluya la investigación abierta sobre lo sucedido, aventurar cualquier detalle, pero no quiso ahorrar elogios por la entrada del barco en El Musel en unas condiciones de la mar extremas y un calado superior al autorizado para acceder a la terminal de graneles, donde estaba previsto que alijase la mitad, aproximadamente, de su carga, para continuar luego viaje a Alemania con el resto.

Una vía de agua en un barco es siempre un problema grave, pero con 160.000 toneladas de carga y tres tanques inundados (que aportan un peso adicional estimado por expertos consultados por este periódico en unas 3.000 toneladas, las cosas se complican mucho.   Pocos puertos españoles pueden acoger a un barco con más de 18 metros de calado y, por lo tanto, tocaba arriesgar, eso sí, con el máximo posible de seguridad.

Medidas excepcionales

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La Capitanía Marítima exigió para la maniobra de acceso la participación de dos prácticos (en este caso Ramón Álvarez y Ángel Caballero) con cinco remolcadores de apoyo. Los dos remolcadores con más potencia de El Musel, ‘Veranes’ y ‘Veriña’, se quedaron en el puerto, porque los profesionales dieron preferencia a la agilidad de otros barcos más pequeños sobre la capacidad de tiro.

No obstante, la maniobra resultó extraordinariamente complicada y dificultada aún más por las condiciones de trabajo de los remolcadores que impone el diseño de la ampliación cuando las olas superan los cuatro metros de altura. Anteayer había olas de entre cinco y seis metros, con un intervalo de entre 19 y 24 segundos entre crestas.

Los remolcadores sólo pueden fijar amarre a una milla o menos del canal de entrada y, aún así, con la proa del barco excesivamente lastrada y la hélice a punto de quedar por momentos fuera del agua a popa, los remolcadores corrieron serio peligro de quedar materialmente colgados del barco al que auxiliaban. Una de las estachas de remolque llegó a romper y para que no lo hicieran todas hubo que reducir los márgenes de seguridad.

Los daños

Aun en su puesto de atraque en el Muelle Norte, el ‘Cape Baltic’ tuvo que ser sujetado hasta el mediodía de ayer por dos remolcadores en posición de carnero, como se aprecia en la fotografía superior, ya que la resaca produce más agitación de la deseable en la nueva dársena.

No obstante, un amplio despliegue de técnicos permitió ayer efectuar una primera evaluación de los daños. Al menos, tres tanques (el ‘peak’ de proa y dos de babor) sufrieron vía de agua y se encuentran inundados.

Si no hay novedades, la reparación, provisional, consistirá en soldar planchas con el barco a flote, es decir, mediante trabajo submarino, que elimine las vías de agua. A continuación, mediante bombas de achique, será sacado el agua que devuelva al granelero su calado original, con el que pasará a la EBHI para la descarga y pasar luego a dique seco. Los más próximos para este barco son los de Ferrol y Lisboa.

Nota:

A una milla del gran dique de El Musel Olas de 5 a 6 metros dificultan la asistencia al «Cape Baltic», que será reparado de urgencia en el nuevo muelle Norte

31.01.2013 | 02:12

El «Cape Baltic», ayer, en el nuevo muelle Norte, con la proa más baja. Fotos de la noticia M. C. El temporal que sacudió la costa gijonesa en los últimos días no sólo provocó varias vías de agua en el granelero «Cape Baltic», sino que también dificultó en extremo su maniobra de entrada a El Musel, que requirió de la asistencia de seis remolcadores y de dos prácticos. Los remolcadores tuvieron especiales dificultades en su tarea a una milla de distancia del nuevo dique Norte, con olas de cinco a seis metros de altura, que los obligaron a aflojar los cabos por los que cinco de los remolcadores asían el barco accidentado.

El doble casco del «Cape Baltic», que trae desde Brasil 160.000 toneladas de mineral de hierro, fue lo que evitó que el barco se hundiera, cuando, por causas que aún se están investigando, golpeó en la madrugada del lunes contra el suelo marino, cuando estaba en el fondeadero del Oeste, a la espera de entrar a descargar una parte del cargamento en la terminal de graneles sólidos, EBHISA.

El golpe le provocó varias brechas en la zona de proa, inundando varios de los compartimientos estancos del casco. Esto hizo que la proa se hundiera unos cuatro metros respecto a la popa, dificultando la maniobrabilidad del buque al elevar la hélice y el timón.

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La entrada del barco a puerto se programó para la tarde del día siguiente del accidente, aprovechando una pleamar. Una maniobra que se prolongó durante tres horas, entre otras cosas por las dificultades de los remolcadores para trabajar con el estado de la mar. El oleaje estaba al límite del que habían pronosticado los estudios para que los remolques pudieran operar con garantías a una milla del nuevo dique. Esos estudios señalaban que las condiciones de trabajo serían factibles con olas de cuatro a cinco metros, un tamaño que ayer se superó.

La maniobra fue complicada y de alto riesgo. Así lo reconoció el propio capitán marítimo de Gijón, quien declinó ofrecer detalles de la misma, pero sí quiso mostrar su reconocimiento hacia la labor desempeñada por remolcadores, prácticos y el propio personal de la Capitanía.

Especialmente complicado fue el paso del barco entre los bajos de Las Amosucas y el dique de abrigo, debido a las condiciones de la mar. Una vez en puerto, el barco tuvo que permanecer con dos remolcadores a su costado para que la situación de la mar no hiciera que rompiera la media docena de estachas que lo ataban al nuevo muelle Norte.

El barco, con bandera de Singapur y con una treintena de tripulantes filipinos, se someterá a partir de hoy a una reparación de urgencia en el nuevo muelle Norte. Cuando las grietas del casco sean reparadas se achicará el agua y pasará a EBHISA para descargar, probablemente toda la carga, y luego trasladarse a algún astillero con un dique seco apropiado para completar la reparación. En el caso de que el daño fuera menor del previsto, se intentaría que el buque transportara parte del cargamento a Alemania. {jcomments on}