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¿Es un negocio el embarrancar barcos?

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Diario Marítimo ; 27 Noviembre 2019

TRIBUNA LIBRE

MANUEL ÁLVAREZ DE MON

Voy a centrarme en el encallamiento del buque Cason 1988 en Fisterra que, tras el sobreseimiento judicial del caso, dejó múltiples dudas sin resolver y su 'operación de salvamento' un problema que se reprodujo en el caso del Prestige y que lleva camino de repetirse con el Blue Star. Y seguirá estando presente como una amenaza futura mientras las autoridades políticas no quieran o no puedan afrontar en serio y con rigor las exigencias necesarias de seguridad de los barcos que transitan las costas gallegas. Lo que incluye un sistema lógico y transparente de rescates en los casos en que sean necesarios

Así pues hablaré de mi experiencia en el caso del buque Cason. Tras dejar temporalmente la carrera judicial como magistrado en 1988, volví a Galicia en 1996 como juez contratado en el juzgado de primera instancia e instrucción de Corcubión. Allí me encontré inesperadamente con una apuesta difícil: los ecologistas pedían la reapertura de las diligencias incoadas por el encallamiento del buque que tanta alarma había creado en la zona de la Costa da Morte por temor a una nube tóxica, aparte de que aún estaban sin aclarar las circunstancias del fallecimiento de 23 marineros del buque. El caso había sido sobreseído provisionalmente dejando sin esclarecer puntos claves como el de la carga del buque y las 'extrañas circunstancias del salvamento' o el hundimiento en la playa do Rostro.

Pedían la reapertura tras unas reveladores declaraciones de José Antonio Madiedo, ex director general de la Marina Mercante, en EL CORREO GALLEGO. Era el mes de abril de 1996 y Madiedo aseguraba que el barco había sido embarrancado adrede acusando a los políticos de irresponsabilidad y señalando que los manifiestos de la carga no especificaban su contenido. En la zona en su día, al desconocerse lo que llevaba el mercante, había dado pie a todo tipo de especulaciones llegando a hablarse de que se trataba de tráfico de armas químicas, dirigidas a Irán o Irak, que estaban en conflicto.

El presidente de la asociación ecologista Arco Iris, Francisco Lueiro, sostenía que había "circunstancias bastante oscuras alrededor" instando a que judicialmente se averiguara dónde estaban dos libros de navegación, que podrían esclarecer el suceso, y que se investigase cuál era "la ruta auténtica", si traía armas en tránsito hacia países en guerra o si fue inspeccionado por servicios secretos no españoles y, por supuesto , aclarar el embarrancamiento. Por ello Arco Iris, personada como acusación popular pidió la reapertura.

Pese al sobreseimiento previo había resquicios legales para ello y accedí a citar a declarar a Madiedo para que ratificara sus manifestaciones a EL CORREO GALLEGO. Esa diligencia judicial creó alarma en medios políticos de las administraciones implicadas, estatal y autonómica. La comparecencia no se produjo nunca, pues mi sucesor en el juzgado archivó la causa nuevamente al estimar que no había nada que justificase una nueva investigación. Lo cierto es que se hundieron con el barco secretos del tráfico marítimo internacional, incluido el 'rescate' frustrado del buque que probablemente ya nunca se conocerán.

Que algún interés había para ocultar aquello me lo corroboró un importante político gallego, con el que había tenido amistad en la juventud, que me manifestó su preocupación por la posible reapertura del caso Cason, ya que no procedía revisar el tema, pues había habido un pacto político al respecto. "Respetando por supuesto lo que se hiciera judicialmente", me dijo. Comprendí muchas cosas.

Años después el hundimiento del Prestige, volvió a poner de relieve el problema de los 'rescates' de los buques en peligro. Quizás una investigación a fondo del Cason hubiera servido para evitar extrañas circunstancias similares y además con los mismos protagonistas.

Ahora se produce el caso del Blue Star y surge la pregunta ¿es acaso un negocio el embarrancar barcos?

(*)El autor fue magistrado y fiscal y ahora ejerce como abogado en Madrid